Psicología en Barcelona

ilustracion de rocio alvarez reyna, psicoanalista escribiendo en el despacho de psicologos de Causa Clinica

Ansiedad: qué hacer cuando todo es demasiado

Lo que el cuerpo dice cuando no hay palabras

“Supe que me iba a pasar, empece a temblar, respiraba y el aire no me entraba, me dolía el pecho y estaba seguro que me iba a morir en ese instante”.

Esa experiencia subjetivamente arrasadora que muchos conocen como ataque de ansiedad o ataque de pánico, en el psicoanálisis lo conocemos como angustia, un afecto que tiene su función y su lugar clave en la estructura psíquica. La angustia se siente en el cuerpo, y es el único sentimiento que no cae en la trampa. Por ejemplo: uno puede creer que ama algo, digamos su trabajo, pero cuando empieza a escarbar un poco en realidad hay ahí otra cosa, por ejemplo ama como es visto por los otros cuando dice que trabaja de lo que trabaja. O el odio, que muchas veces encubre un deseo muy íntimo en relación a eso que se odia, como pasa en muchos homofobia (para no generalizar). El resto de afectos se desplaza de un objeto a otro, a veces se creen sentir pero no son tal cosa.

En cambio con la angustia pasa otra cosa. No puede ser simbolizada, no puede ser dicha. Los otros afectos sí pueden decirse, o sea que entran en el orden del sentido para el sujeto. Pero con la angustia el sentido falla. Por esto decimos que no cae en la trampa, en la trampa del sentido.

“La angustia es el único afecto que no engaña”
J. Lacan

En la ansiedad, todo es demasiado

En manuales diagnósticos como el DSM-V aparecen distintas clasificaciones que la ubican bajo la etiqueta de trastorno. En la consulta psicológica, la ansiedad suele describirse por quienes la padecen a partir de estos signos físicos: cuando estas experiencias se vuelven frecuentes o comienzan a interferir con la vida cotidiana, entonces las personas suelen buscar terapia.

En el discurso social, la ansiedad aparece como un exceso: demasiado de algo que termina siendo un padecimiento: demasiada preocupación, demasiada presión. Y, si es un exceso, la solución parece obvia: regular, controlar, disminuir. A esto nos referimos cuando hablamos de domesticar los síntomas (podés leer más sobre esto en este post).

Una lectura psicoanalítica: de la ansiedad a la angustia

El psicoanálisis, sin embargo, introduce una distinción importante: lo que hoy se llama ansiedad nombra el conjunto de manifestaciones corporales que aparecen cuando está en juego algo más importante: la angustia.

O sea, más allá de estos síntomas físicos que pueden ser estabilizados con ansiolíticos o distintas técnicas de reeducación conductual, para un psicoanalista estos fenómenos no agotan la cuestión, son la vía por la cual podemos acceder a la estructura  de la angustia, algo fundamental en el tratamiento terapéutico. Digamos que la ansiedad es el aviso en el cuerpo de algo que irrumpe de manera más directa y desestabilizante: la angustia. Entonces si lo tomamos como un aviso de otra cosa, la dirección del tratamiento debería apuntar a la causa de esa ansiedad. Algo ocurre para el sujeto que desencadena esa activación corporal y psíquica.

No se trata de regular, sino de leer.

Desde el psicoanálisis, la pregunta no es únicamente cómo eliminar la ansiedad o detener los ataques de pánico, tambien se trata de leer qué está señalando esa experiencia en la historia singular de quien la padece.

La diferencia que estamos intentando establecer entre ansiedad y angustia no es meramente terminológica. Cuando entendemos la ansiedad como un problema de regulación, el abordaje tiende a orientarse hacia técnicas que buscan reducir o controlar el síntoma: respiración, reorganización cognitiva, cambios conductuales, “técnicas para bajar la ansiedad”, etc. Estas herramientas pueden producir alivio, y en muchos casos lo hacen. Pero el alivio no implica cura. El alivio de un síntoma puede estabilizarnos, pero tarde o temprano eso que no está resuelto vuelve a insistir bajo una nueva forma. Ya no se trata solo de cuánto o cómo molesta, sino de qué lo sostiene, qué lo hace consistir.

Ese es el punto hay una diferencia entre la psicología y el psicoanálisis: muchas personas pueden tener síntomas similares, pero la causa del padecimiento es siempre singular. Por eso el trabajo se orienta caso por caso: domesticar un síntoma, hacer que deje de aparecer, no implica necesariamente que operemos o conmovamos aquello que lo causa. Cuando la causa permanece intacta, el malestar suele volver bajo la misma u otra forma.

Abrir una pregunta distinta

En Causa Clínica ofrecemos terapia presencial en Barcelona y terapia online desde una orientación psicoanalítica, trabajando caso por caso con aquello que causa el malestar. Si estás atravesando episodios de ansiedad, ataques de pánico o una sensación de angustia que vuelve una y otra vez, hablar con un profesional puede abrir un espacio distinto para pensar lo que está ocurriendo. Podes pedir una cita acá

Cualquier duda o consulta te invitamos a escribirnos, si querés comenzar un trabajo terapéutico podemos derivarte a una de nuestras terapeutas.

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